Economías dependientes de Brasil y Argentina intentan superar la desconfianza inicial

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Pasados pocos días desde la asunción presidencial de Alberto Fernández, el futuro de las relaciones entre Argentina y Brasil -hoy en campos ideológicos opuestos- es una incógnita en muchos aspectos.

No obstante, entre empresarios y diplomáticos hay una certeza: amigos o no, brasileños y argentinos tienen que tragarse los problemas y trabajar juntos teniendo en cuenta el tamaño del comercio entre los dos países vecinos.

“Siempre bromeo diciendo que llamamos ‘hermanos’ a los argentinos, y no es de extrañar: un hermano es alguien a quien no elegimos, pero tenemos que aguantar”, dice Welber Barral, de BMJ Consultoria y exsecretario de Comercio Exterior del Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio.

La broma refleja la relación casi dependiente entre ambos países, donde un lado estornuda y el otro se enferma. La grave crisis económica argentina no es la causa de la crisis en Brasil, pero contribuye a frenar su recuperación económica.

Este año, el país vecino importó bienes por valor de unos 9.000 millones de dólares desde Brasil hasta noviembre, el monto más bajo desde 2005 y casi un 37% menos que en 2018.

Aún así, Argentina es el tercer socio comercial más grande de Brasil y el mayor importador de productos manufacturados, sobre todo en el sector automotriz y metalúrgico, un mercado al que las firmas brasileñas no pueden darse el lujo de renunciar.

“Argentina siempre ha sido considerada un socio principal para la industria brasileña, no solo por su proximidad, sino también por la complementariedad de nuestras economías y las facilidades que trajo el Mercosur”, explica Carlos Eduardo Abijaodi, director de Desarrollo Industrial de la Confederación Nacional de la Industria.

“Hoy, la interacción entre nuestras industrias es esencial para nuestras exportaciones (…) Por tanto, existe el interés del sector privado en ambos países para mantener esta relación comercial e industrial”, señaló.

Diplomáticos y fuentes industriales, que pidieron mantener el anonimato por la delicadeza del asunto, admiten que la tensión ideológica entre los dos países puede complicar la relación comercial, aunque menos por las críticas mutuas que por opiniones opuestas sobre ciertos temas que afectan al Mercosur, relacionados sobre todo con la apertura comercial.

Una de las fuentes indicó a Reuters que es natural que el nuevo gobierno argentino adopte las políticas que conoce, con una visión más asistencial en el área social, más intervencionista en la economía y más proteccionista en el comercio.

“Aún está por definir cuán grande será ese contraste. Tendrá consecuencias a partir de cuánto proteccionismo adopte Argentina. Esto tendrá más o menos influencia en la relación directa con Brasil”, explicó la fuente, que sigue de cerca el relación entre los dos países.

“Y qué efecto tendrá en las negociaciones externas del Mercosur. El nuevo gobierno puede resistir nuevos acuerdos o acelerar otros”, agregó.

Sin embargo, la fuente recuerda que la débil economía argentina ya obligó al expresidente Mauricio Macri a adoptar algunas medidas menos liberales que su manual inicial, como el control de cambio y la resistencia a una aceleración de la revisión del Arancel Externo Común (AEC) del Mercosur.

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